- Entrevista a Antonio Fajardo, presidente de la Federación Española de Profesionales de Ingeniería Química (FEPIQ)
Antonio, solemos asociar la ingeniería química con fábricas o plantas industriales. ¿Es una visión demasiado limitada?
Sí, bastante. Es normal, porque muchas veces la parte visible de la ingeniería química son las plantas, las tuberías o los procesos industriales. Pero eso es solo una parte de la historia.
En realidad, la ingeniería química está presente en muchísimos ámbitos de nuestra vida cotidiana. Estos incluyen cosas tan importantes como su presencia en los medicamentos los materiales, la alimentación, el agua, la energía o la sostenibilidad. Incluso en tecnologías emergentes como la captura de CO₂ o la inteligencia artificial aplicada a procesos está presente la ingeniería química.
Lo interesante es que no trabaja solo sobre “productos” sino que trabaja sobre sistemas.Y ahí radica su verdadera transversalidad.
En tus intervenciones hablas mucho de sistemas. ¿Por qué esa palabra es tan importante?
Porque el mundo funciona como una red de procesos conectados. Por ejemplo, el clima afecta a la energía y la energía afecta a los materiales. Y la disponibilidad de esos materiales impacta en la economía, el territorio y la sociedad.
Durante mucho tiempo hemos abordado los problemas por separado.Pero los grandes desafíos actuales ya no vienen aislados. Los temas que más nos acucian están todos relacionados entre sí: cambio climático, escasez de recursos, desfosilización y competitividad industrial están todos relacionados.
Y cuando todo está conectado, hacen falta profesionales capaces de entender conexiones, equilibrios e impactos cruzados.
Ahí es donde la ingeniería química aporta muchísimo valor.
Entonces, ¿la ingeniería química actúa como una especie de puente entre disciplinas?
Exactamente. Y creo que esa es una de las cosas más bonitas de esta profesión. La ingeniería química vive en las interfaces. Conecta química con industria, Biología con procesos, Física con fabricación, Ciencia de datos con operación industrial y Sostenibilidad con viabilidad técnica y económica. Está acostumbrada a traducir, a coger conocimiento científico y convertirlo en algo escalable, útil y aplicable.
En el fondo, trabaja justo en el espacio donde distintas disciplinas dejan de avanzar por separado y empiezan a colaborar para transformar algo real.
En tu intervención en los Premios Avelino Corma utilizaste una analogía muy llamativa: comparar una planta química con el metabolismo de un ser vivo. ¿Por qué?
Porque ayuda a entender algo complejo de forma muy intuitiva.
Una planta química recibe materias primas, transforma sustancias, intercambia energía, genera productos y también residuos. Un organismo hace algo parecido.
Y cuando alguno de esos equilibrios falla aparecen síntomas, enfermamos.Eso ocurre en un cuerpo humano. Pero también en un proceso industrial, en un ecosistema o incluso en una ciudad.
La ingeniería química tiene mucho de eso: observar señales, entender relaciones y buscar formas de recuperar equilibrio.
¿Dirías entonces que la ingeniería química tiene también una dimensión social?
Sin duda. A veces pensamos que la tecnología es algo separado de las personas. Pero no lo es.
La forma en la que producimos energía afecta a la sociedad. La manera en la que utilizamos materiales afecta a la salud y al medio ambiente y la forma en la que gestionamos recursos afecta directamente a nuestra calidad de vida. Por eso la ingeniería química no consiste solo en producir más.
También consiste en hacerse preguntas importantes.¿Cómo producimos mejor?
¿Cómo reducimos impacto? ¿Cómo mantenemos competitividad sin comprometer el futuro?
Es una disciplina profundamente técnica, pero también profundamente humana.
Últimamente se habla mucho de descarbonización. Tú prefieres utilizar el término “desfosilización”. ¿Por qué?
Porque creo que ayuda a entender mejor el verdadero reto. Cuando hablamos de descarbonización, a veces parece que el problema es el carbono. Y el carbono no es el enemigo. El carbono está en la vida, en los alimentos, en los materiales y en los seres vivos.
Incluso en muchas soluciones que necesitamos desarrollar.
El problema no es el carbono. El problema es nuestra dependencia del carbono fósil. Por eso me parece más preciso hablar de desfosilización.
La cuestión no es eliminar el carbono de la sociedad. Eso sería imposible.
La cuestión es dejar de extraer carbono fósil del subsuelo para introducirlo continuamente en la atmósfera. Y ahí la ingeniería química vuelve a tener un papel clave. Porque la transición no consiste solo en sustituir una energía por otra. Consiste en rediseñar flujos completos de materia, energía y recursos.
La solución implica nuevas materias primas, nuevos procesos, nuevas cadenas de valor, nuevas formas de producir, reutilizar y transformar. Y eso requiere una visión profundamente sistémica y transversal.
Has hablado también de la capacidad de “rediseñar”. ¿A qué te refieres exactamente?
A algo fundamental. La ingeniería química no se limita a observar cómo funcionan las cosas. Lo importante es que puede cambiarlas. Si un proceso consume demasiada energía, se puede rediseñar. Si genera demasiados residuos, se puede mejorar. Si depende de materias primas problemáticas, se pueden buscar alternativas. Ese es uno de sus grandes poderes, no solo entender sistemas complejos, también intervenir sobre ellos para hacerlos más eficientes, más seguros y más sostenibles.
¿Qué papel juega la colaboración en todo esto?
Un papel enorme. Hoy ningún gran reto puede resolverse desde una sola mirada.
La transición energética no es solo ingeniería. La sostenibilidad no es solo química.
La innovación no es solo tecnología.
Necesitamos colaboración real entre disciplinas, empresas, universidades, instituciones y sociedad. Y creo que la ingeniería química tiene una ventaja interesante: está acostumbrada a integrar perspectivas distintas. Quizá porque siempre ha tenido que convivir entre ciencia, industria y realidad.
¿Qué crees que debería entender mejor la sociedad sobre la ingeniería química?
Que muchas de las soluciones que necesitamos ya no dependen solo de descubrir cosas nuevas. Dependen de conectar mejor lo que ya sabemos. Y ahí la ingeniería química tiene un papel silencioso, pero muy importante porque convierte conocimiento en impacto. Hace posible que una idea salga del laboratorio y llegue a millones de personas, que una tecnología funcione fuera del papel, que una solución sea viable técnica, económica y ambientalmente.
Muchas veces no se ve, pero la ingeniería química está detrás de gran parte de las transformaciones que sostienen nuestra vida moderna.
Y para terminar… ¿cómo resumirías la esencia de la ingeniería química en una sola idea?
Diría que es la disciplina que ayuda a entender cómo funcionan los sistemas y cómo pueden funcionar mejor para las personas, para la industria y para el entorno que compartimos. Porque, al final, todo está conectado.

